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Archive for 6 septiembre 2009

por Armando de Magdalena[*]

El bicentenario de América, es decir el de su lucha por la independencia, no por importante deja de ser una fecha más. El punto arbitrario, tomado al azar, de un largo proceso que aun no sabemos donde termina.

La independencia de América (la real y efectiva) no es más que una posibilidad. Un mandato que nos viene de otros hombres. Hombres que a su tiempo quemaron las naves de lo estatuido, para ir en busca de la esperanza. La independencia por tanto, es muchas cosas al mismo tiempo, y es nada también si no estamos a la altura de lo que él tiempo nos reclama.

No obstante este bicentenario no deja de ser una gran oportunidad, ya que es el poder quien lo va instalando para apropiarse de él (demás está decirlo). Tergiversarlo para vaciarlo de contenido (es su objetivo), o al menos para ubicar las cosas de un modo en el cual sean sólo ellos sus legítimos herederos.

Esto ya nos da una tarea: tratar que no suceda. Aprovechar que son ellos mismos quienes lo instalan y hacerlos arrepentir de sus propias palabras. Y es que hay algo que aun no decimos (y que es cardinal) el poder y los sueños de América siempre han andado irreconciliados.

Hay muchas cosas que hoy están más claras que nunca y que podríamos decir. Cosas que aunque siempre fueron ciertas no están en nuestro ideario. Algunas veces porque nos fueron negadas, otras porque las negamos nosotros, o simplemente nos entretuvimos en cosas accesorias que parecían importantes, y así, sin darnos cuenta, se nos escurrió la patria.

Nos hemos pasado décadas discutiendo sobre falsos ejes (eso es lo que digo). Mientras tanto, el poder no sólo hacía su negocio, sino que además, nos privaba de conocer nuestra verdad, es decir nuestro futuro. Ese mismo concepto de Independencia (de patria, de nación) que traemos hoy, fue tantas veces manoseado, tantas veces vaciado… a tantas cosas se le dijo patria, nación o independencia, que ya muchos han preferido prescindir de tales categorías. Y prescindir tiene un precio ya que estamos atravesados por el lenguaje… lo que no nombramos no sentimos y este es el problema.

Qué es América en definitiva? Qué es ahora? Qué fue? Qué queremos que sea?

Ayer discutía con gente a quien aprecio mucho y respeto, y uno se da cuenta lo tanto que nos falta. Queremos ser radicales cayendo en las mismas trampas que siempre nos tendieron, y al cabo ni sabemos aun que es lo que somos. Cosas, pequeñas cosas que generan grandes abismos, grandes incomprensiones, terrible imposibilidad de saber de qué estamos hechos, y por tanto a fuer de no sabernos terminamos no sabiendo nada.

Tantas cosas habría que decir en ese sentido… cosas como que la Independencia americana no fue una independencia antiespañola. Sarmiento mediante quedamos ya desde el inicio huérfanos y no hay nada peor que querer ser lo que nunca se podrá ser. Ese sueño sarmientino de civilización (deseable por cierto) quedó inmediatamente castrado en la cabeza de quien lo imaginó, justamente porque renegó de si mismo para intentar ser la rubia musa de un mustio poema. Hasta el día de hoy (y aunque a muchos les pese) seguimos siendo sudacas para esos hombres que nos impusieron como modelo. La famosa “universalidad” está claro que nunca será hibridez, y lo que el mundo espera (y siempre esperó de nosotros) es que seamos nosotros mismos y no otra cosa. La independencia no estuvo planteada nunca en términos culturales (tal vez civilizatorios en sentido paradigmático) nadie, absolutamente nadie tenía intenciones de renegar de su acervo cultural (el ibero) y en contrapartida, si, de un régimen político que coartaba justamente esa posibilidad de ser a la cual todos tienen derecho. El absolutismo (no la monarquía) era el enemigo principal de los independentistas americanos, pero también lo era de los españoles que expulsaron a Napoleón cuando el buen Rey Fernando abdicó pusilánimemente. Es decir, el movimiento independentista es al mismo tiempo el movimiento liberal español, o al menos son los dos brazos de un mismo cuerpo. Un cuerpo cuya carnadura eran las mejores ideas de aquel tiempo. Las ideas de la razón, del sentido culturador del hombre ante la realidad (sea esta de la índole que sea), y no es casualidad que incluso (a pesar de lo que nos contaron) los hombres de la iglesia, o al menos muchos de ellos, hayan sido uno de sus principales impulsores. Esto es un ejemplo más de aquellos falsos ejes de los que hablábamos. Quién puede negar que la Iglesia fue, como institución, un factor nefasto y de retraso en determinados momentos del devenir humano, pero parece que al igual que en todo, son los bordes lo que definen las figuras. Aprendamos entonces (ya desde el comienzo) a no ser maniqueos. Las logias mismas, la Revolución Francesa, tuvieron un componente trascendental, y hasta religioso, innegable: el culto al “Ser Supremo”, el “gran Arquitecto Universal” de los masones, no podía ser más que ocultado por los positivismos (de izquierda o derecha) ya que nuestra historia siempre desde el poder fue una historia en blanco y negro. Qué decir de la Iglesia revolucionaria de todos los tiempos? Dios y revolución son dos cosas que bajo ningún punto de vista deben (o pueden) estar unidas. La tumba de San Martín esta fuera de la catedral, no dentro pero eran curas como Hidalgo los que levantaban las masas y empuñaban la lanza, o frailes como Luis Beltrán los que fundían los cañones… (ya antes habían combatido en las misiones contra esclavistas y fuerzas regulares)… entonces no es la oda a la iglesia, sino que el pensamiento independentista no fue mero reflejo del jacobinismo francés y el liberalismo económico. Fueron ideas complejas y hasta originales en un movimiento heterogéneo tanto por sus intereses como por su composición social, cultural y étnica. Esta es la primera lección: la unidad de todos esos sectores es lo que posibilitó la derrota, no de unos ineptos congénitos como insinuaba Sarmiento, sino del mejor ejército del mundo: Un ejército perteneciente a un imperio sin parangón (como lo fue el de Carlos V). Esos sectores (cada uno de ellos) aportaron al ideario independentista, no sólo sus anhelos y frustraciones, sino también, sus idearios y su modo particular de ver y sentir el mundo. El problema hasta aquí es que siempre hemos utilizad una parte de todo este instrumental disponible. Y que así haya sido tiene que ver con el hecho de que para usarlo todo es necesario sintetizarlo primero. Esa síntesis es imposible con los a prioris con los que generalmente vamos a nuestras observaciones. Se requiere humildad cultural para poder comprender la realidad de un territorio espiritual y geográfico como es América, donde conviven con distintos grados de diferenciación cosmovisones que han demostrado que han sabido sobrevivir las presiones del pensamiento hegemónico de todos los tiempos (y de cada uno de esos tiempos).

La otra lección es que al dirimir las diferencias en nuestro propio bando (una vez logrado el colapso del absolutismo) no dudamos en aliarnos con el diablo para llegar a lo que creíamos el cielo. Por eso San Martín le da su sable a un déspota como Rosas, por que los otros (“los prohombres”) no dudaban en ir con ingleses y franceses, con brasileros, para imponer su bando. Y con esto quiero observar un terrible defecto que siempre hemos tenido: no sabemos sobreponer los intereses de la patria a nuestros propios intereses. Claro, se podrá decir que “la patria somos nosotros”, si, pero también son los demás, y lo es también el escenario donde ese drama que somos transcurre. Hablo del cuento del alacrán y del tigre que querían sortear el río… y ante las suplicas del alacrán para que el tigre lo lleve en el lomo, el tigre al fin cedió porque creyó entender que si el alacrán lo picaba morirían los dos a medio del río… bueno ese fue el error del tigre, el alacrán lo picó en medio del río por que esa es su naturaleza. Ese alacrán es el poder por el poder mismo, la patria como pantalla y como excusa, la demagogia como filosofía y la falta de valor para con los poderosos. “La Gran Colombia”, “la Gran reunión americana”… todas esas bellas utopías se desmembraron en un gran puñado de decenas de repúblicas minusválidas. Así nacen los nacionalismos provinciales. El hermano que va a la guerra con el hermano por que alguien le dijo que frente a su casa pasa la línea imaginaria de los mapas. Así nos fue y así nos va, a un modo de dominación siguió otro nuevo y distinto no la libertad y la independencia. Y nosotros vamos aprendiendo a renegar más de nuestros ancestros que de nuestros enemigos.

Nuestra historia no es esa que nos contaron, ni tampoco la de muchos que dicen contar la “otra historia”. Una “otra historia” que las más de las veces (al igual que la otra) es mero oportunismo. Es una historia “como excusa” para dirimir pequeñas ideologías, pequeños liderazgos, pequeñas ambiciones, pequeños sueños. La nuestra, la real, la que aun no se ha escrito, es una historia plagada de destellos y luminosidades, de colores difíciles de describir que embelezan el ojo y el alma, pero que también nos arrastran al abismo de nuestras miserias y sumidos allí nos devuelven siempre. Una historia real y humana, hecha por de hombres imperfectos. Hombres con grandes limitaciones pero con una gran virtud: el desposeimiento que da la nobleza del espíritu. Hombres (tantos) que se ahogaron muchas veces en su propia bilis… que se tragaron su propia rabia… pero que supieron morir de un modo que los dignifica, que los redime, que los hace acreedores y jueces de lo que aun no hemos hecho.

A esta altura de mi vida, creo que nada de esa historia se puede descartar. Aciertos y desaciertos (cuando han sido honestos) son parte de nuestra misma historia, y si la vida es una concatenación de hechos que se condicionan unos a otros y se modifican, no escribiría yo esto hoy ni sería quien soy (lo mismo usted) si no estuviéramos acechados por estos fantasmas que nos recuerdan cada tramo del camino y cada avatar que se nos presentó y que resolvimos mas o menos felizmente. En todo caso, si la vida es riqueza, esta vida nuestra, la de este continente, ha de ser vida entre la vida, ya que solo aquí se ha montado tal escenario para tan magno cataclismo. No, no exagero en lo más mínimo. América no es sólo catástrofe de dos mundos que colisionaron… no es sólo dolor sangre y exterminio… no es sólo florecimiento de algo sobre las cenizas… sino es también diálogo (cruento o incruento), matrimonio, mixtura, subliminal supervivencia que busca saldarse y revelarse a lo demás. Visto así nuestra historia parece fascinante (el deseo de internarse en ella) lo que sucede es que la hicieron vulgar, la trastocaron, la plagaron de tajos que dividen carne de la misma carne, y nosotros parados hoy en ella queremos construir nuestro futuro sin entender que no es nuestro futuro sino el delirio de antiguos elucubradores que empezaron renegando… que empezaron no viendo… que empezaron aterrando.

Esa historia de los poderosos (que de ellos es esa historia) es una historia de hechos detenidos (no de procesos), de singulares voluntades (no de colectivos), una sin causa ni efectos, y por ende tampoco, en punto alguno, con un lugar de arribo. Por eso creo que es necesario miles y miles de debates como los que aquí se plantean (y ojalá sucedan). Por que es mucho lo que hay que pensar, y volver los pasos para encontrar la verdad no es ir para atrás si no adelantarse.

La Revolución Independentista fue una revolución burguesa (no podía ser otra cosa) que cimentó las bases de los Estados Modernos y los preceptos de lo humano. “Libertad, igualdad, fraternidad” no podían ser hechos consumados por esa generación (sino en parte) por que la base de la pirámide social estaba fuera de toda geometría, o mejor dicho fuera de la geometría del pensamiento de la época. Al absolutismo español, siguió el colonialismo inglés y a este, el imperialismo norteamericano. Esto hizo aun más hueco aquel postulado de igualdad, libertad, fraternidad. Ahora bien por hueco que haya quedado aquel axioma podemos decir que es inválido? Podemos decir que la democracia no es la forma de ser de la sociedad humana de hoy, sólo por el hecho de que el poder hizo de ella un mero formalismo?

Hoy se habla, desde casi todas las ideologías, de refundar la República. Correcto. Sobre que bases? República unitaria, federal, multinacional, pluricultural, multiétnica? O es que hay que jugar a la valcanización? Escindir lo diferente: Hacer un estado aymara y otro quechua y otro guaraní y otro mapuche… y después hagamos uno de los mapuches de Chile y otro de los mapuches de Argentina… y después de los mapuches de Rio Negro y los de La Pampa… y después de los más mapuches y de los menos mapuches. No por infantil son menos ciertas estas discusiones: el indio (pobre indio), si, es cierto, aniquilado, hambreado, explotado… pero como era el mundo precolombino? Qué dinámica y que relación es la que interrumpió la conquista? Contraponer un pasado que desconocemos en gran medida, contraponer un pasado que idealizamos, es contraponer a una mentira otra mentira… es mentirnos a nosotros mismos. Los pueblos originarios negados por la cultura oficial imperante de cada uno de nuestros estados nacionales deben ser parte fundamental e inobviable del futuro de América, pero por favor no repitamos lo que ya pasó con lo hispano y lo sajón (la polémica), en América todos los que estamos (todos) tenemos el mismo derecho y el mismo orgullo, de lo que se trata aquí y se ha tratado siempre es de hacer justicia. Nuestras particularidades no son un problema (no tienen que serlo) sino un haber. América es una cultura dinámica si la hay, rica si la hay, prometedora si la hay. Aquella raza cósmica de Vasconcelos no deja de ser posible y deseable. Sólo hace falta voluntad real. Un nuevo reconocimiento. Un nuevo punto de partida… un nuevo punto que no implica ruptura (sino todo lo contrario), sino por sobre todo, humildad… humildad cultural, humildad civilizatoria… dialogar con el otro para conocerlo, para entenderlo, para sumarlo y sumarnos juntos bajo este cielo y estas estrellas. La conquista de América no se debió a la perversión de ninguna raza, a la maldad intrínseca de ningún pueblo. La conquista de América se debió a los intereses de una clase y es esa clase (y no la nación donde estaba inserta) quien le imprimió las características que tuvo. Lo hispano, lo ibero, lo sajón, lo latino, es ya tan americano como lo originario. Tratar de fundar una nueva nacionalidad sobre la base de la negación de cualquiera de las partes, es intentar hibridar algo fecundo. No importa si ese intento se llama “revolución socialista” o “vuelta a un pasado que nunca existió”. No hay un solo pueblo en el mundo que no sea fascinante y admirable, son las circunstancias políticas, económicas y sociales las que determinan “en ultima instancia” su comportamiento y por ende también su papel en la historia.

Es por eso que a esa irresolución del problema intercultural en América, hay que sumarle la irresolución del problema social y también del problema nacional. No hay un antes y un después, ni uno es la precondición del otro. Ya hemos cometido esos errores: indigenismo, nacionalismo burgués, la hibridación cultural del marxismo ortodoxo… aquí todos los procesos se deben dar juntos y con una multiplicidad de actores que tienen a su vez marcadas diferencias y particularidades existenciales y vitales. América (como digo siempre) es un hecho consumado y todos estamos arrojados aquí (por distintos motivos pero en iguales circunstancias) por tanto no hay dos soluciones ni tres… hay una solución y esa solución es, que no hay salvación de uno sin el otro. La otra posibilidad es terminar de una vez por toda de exterminar del otro diferenciado. Esa posibilidad ya se viene practicando hace más de 500 años. No aceptarla es el punto de partida, pero es también el marco relativizador de todas las teorías clásicas. La fragmentación es el problema no la diversidad. Lo que une lo diferente en América es la dominación. La dominación que es el único hilo conductor de nuestro pasado reciente (sobre todo de los últimos 500 años), y no hay nada en materia de pensamiento y de acción en América que pueda ser pensado fuera de esta perspectiva.

Una dominación que en su desarrollo en el tiempo ha ido adquiriendo una sofisticación tal que hace caduco de manera permanente el más profundo y minucioso análisis. El capitalismo sobre todo, nos ha enseñado y convencido de su tremenda capacidad de repensarse y regenerarse. Desde esta perspectiva cómo podemos seguir murmurando soluciones de siglo, siglo y medio? No digo que los problemas cambien en su esencia (acabo de poner a la dominación como bicectriz de nuestra realidad de hoy y de siempre), digo simplemente que debemos ser pragmáticos y eclécticos (dos malas palabras) pero no de los valores y principios, sino de las ideas y soluciones. Es hora, como nunca antes lo ha sido, de atreverse a pensar desde la incomodidad de los insolentes.

No es tan difícil de entender o imaginar… cuando la dominación dejo de ser la empresa civilizatoria que fue la conquista, empezó a ser eminentemente económica (no exclusivamente) y por esa vía, sin tener que cargar con el odioso rol de sojuzgar físicamente a un pueblo, se llegó después de un par de siglos al mismo punto (incluso más aun, en tiempos de univocidad que en nada se diferencian a los de de frailes y adelantados). Qué duda puede haber al respecto? Por eso la dominación no es un aspecto sino es el fundamento. Todo lo atraviesa. El pasado debe pasar indefectiblemente por su cedazo: revolucionarios que no entendieron el problema nacional, nacionalistas burgueses que no terminaron con la desigualdad, procesos que jugaron a ser soberanos, económicamente independientes, pero que nunca lo fueron verdaderamente y en última instancia. Esa es la cronología (con las disonancias que la confirman como regla) de nuestro pasado reciente. La dominación tanto ha andado que hoy ya se ha vuelto burda nuevamente… ha perdido no su sofisticación y complejidad, sino que se ha despreocupado por pasar por su contrario ya que ha logrado un porcentaje muy alto de legitimación a nivel del sentido común de las masas. Hoy todo es de menor rango porque las palabras (esas que nos preceden y nos significan) ya han sido martilladas y estalladas, vaciadas sus tripas y así, famélicas, usadas. En contrapartida se esgrime lo viejo (no lo nuevo). Vivimos un nuevo deslumbramiento producido por viejos fetiches derruidos. La caída del socialismo realmente existente, al ser negación del propio socialismo, abrió las puertas a viejos populismos hoy nuevos, que pretenden pasar por avanzada. No hay punto de retorno ni puede haberlo. La oportunidad es esta (lo dijimos al principio) pero volver a cometer los mismos errores, traer (en el mejor de los casos) el antiimperialismo de las burguesías nacionales, el populismo por la democracia, el régimen por la república, la reforma por los cambios verdaderos, y encima pretender que se es revolucionario, es ya una mentira tan grande (si no más) que la que nos venía contando el capitalismo. Entonces hablemos de eso. De cómo tendría que ser una sociedad superadora de la sociedad capitalista (capitalismo que nació al mundo con América) y que a su vez no tuviese los defectos y contradicciones de las experiencias socialistas del siglo pasado. Cuál es la estrategia? Cuáles son los contenidos, los actores, las formas y los modos, los pasos a seguir y los tiempos para construir la definitiva independencia? Una independencia en América, para América. Es decir, para realidades multinacionales, pluriculturales y multiétnicas, que deben articularse en un contexto mundial y civilizatorio. Este es el tema (no un tema) Por que si la independencia es la posibilidad real de ser en plenitud qué es lo que vamos a ser cuando nos liberemos de quienes nos oprimen? Hay una dimensión cultural, intercultural y transcultural que hay que resolver y que no estoy seguro si deba resolverse antes o después, o si es en definitiva parte del núcleo duro de ese nuevo pensamiento que nos ha de emancipar.

Hoy hay quienes, una vez más pretenden rescribir la historia. A la mentira de las oligarquías le contraponen la mentira seudo liberadora de los populismos, a un costado están los ortodoxos, los impolutos tan puros como inofensivos y lo que no hay lamentablemente es gente con vocación de cambiar de raíz las cosas y de sostener valores realmente humanos que estén a salvo de cualquier justificación (que siempre existe) y que termina siendo oportunidad para hacer justamente lo contrario. Un amigo que ya no está siempre bromeaba… decía “no se que quieren decir cuando dicen seremos como el Che… si van a ser médicos o asmáticos”. Yo pienso lo mismo, la falta de valores éticos y morales no puede alumbrar ninguna experiencia liberadora. Además de eso hace falta mucha apertura y mucha inteligencia para juntar los pedazos de las distintas Américas que conviven superpuestos. Culturas algunas milenarias otras recién conformándose, todo eso (y no sólo una parte) somos nosotros y así debemos arribar a nuestro futuro.


[*] Armando de Magdalena, nació en Buenos Aires Argentina en 1963, es poeta y ensayista. Ha publicado más de una decena de libros, ejercido el periodismo, es fotógrafo y muralista. Integra varias organizaciones antiimperialistas y americanistas de dentro y fuera de nuestro país y actualmente es el curador de nuestra editorial.

Armando de Magdalena, Bicentenario de América, pensamiento original

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