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Archive for 7 enero 2011

Cuba, más allá de los derroteros, más allá de sus propios procesos intestinos, sus rectificaciones, sus reafirmaciones, sus proyecciones o llamadas a silencio, es un poco el ícono de la voluntad, de una especie de insolencia que no se termina de cuajar en un modelo real o imaginado, sino que se parece mucho a la tozudez del que busca convencido de que ha de hallar lo que soñaba. Por eso la suerte de Cuba ( de su revolución) está tan íntimamente ligada a los destinos de este continente, Cuba es una especie de precondición para que los sueños del resto sean realmente felices realidades. Y en esto que digo está implícito que Cuba no puede ser un modelo, porque su propia revolución fue la constación empírica de que los modelos sólo pueden ser referenciales. Dicho de otro modo, la revolución cubana fue a su tiempo la refutación palpable de toda la ortodoxia marxista y hoy como ayer el mensaje es el mismo: las revoluciones las hacen hombres particulares, de pueblos particulares y en condiciones concretas e intransferibles. Por eso esa cercanía y ese distanciamiento: Cuba es una revolución de más de cincuenta años de historia, lo que vemos sucede hoy, es la necesaria adaptación de un proceso tan dilatado a un mundo y a una humanidad también en movimiento. Seguramente los propios cubanos harían hoy su revolución de un modo distinto, pero la hicieron en el 59 y por lo tanto no podemos elucubrar ni tiene sentido que lo hagamos. Hay que reconocer sin resquemor la importancia que tuvo y tiene su ejemplo (ese del que hablaba al principio), incluso que en determinados momentos del pasado reciente fue vital e indispensable… en aquellos tiempos de la orgía neoliberal, de la univocidad del capitalismo, Cuba fue una gran luz en la penumbra y lo sigue siendo. Los procesos hoy en marcha serían impensados sin la existencia de Cuba, sin su permanencia en el tiempo, lo fascinante en todo caso es que esta heterogeneidad que compone esta hora magnífica de América genera procesos de ida y vuelta, interacciones, mutuas influencias. Como siempre ha sucedido a lo largo de la historia humana, todo lo avanzado por un hombre o un grupo de hombres está a disposición como arsenal para toda la humanidad para ser usado creativamente. Cuba merece alcanzar esa sociedad realmente justa y realmente humana por la que tanta sangre y esfuerzo derramó a lo largo de tantas décadas. Su autoridad moral es incuestionable, de lo que se trata ahora, una vez más, es de la inteligencia.

Armando de Magdalena

poeta y ensayista argentino

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